miércoles, 15 de septiembre de 2010

Ítaca

Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca

formula el deseo de que se prolongue el viaje

fértil en aventuras y rico en descubrimientos.

No temas a los Lestirgones ni a los Cíclopes

ni al feroz Poseidón.

Jamás veras nada semejante en tu camino

si tus pensamientos permanecen nobles, si tu cuerpo

y tu espíritu están animados por emociones puras.

Ni Lestirgones, ni Cíclopes, ni al irascible

Poseidón; no los encontrarás

si no los trajiste en tu corazón

y si tu corazón no los suscita delante de ti.

Desea que el recorrido sea largo

y que sean numerosas las mañanas de verano

en que veras -¡con alegría y delicia!-

puertos de mar encontrados por primera vez.

Haz una escala en los mostradores de los fenicios

para proveerte de mercancías preciosas:

nácar, coral, ámbar, ébano.

de aromas voluptuosos de todo tipo,

tantos aromas voluptuosos como sea posible.

Recorre numerosas ciudades egipcias

y ve a instruirte, ve a instruirte con los sabios.

Conserva siempre a Ítaca en tu pensamiento:

ahí está tu única cita,

pero sobre todo no apresures tu viaje.

Más vale que se prolongue años

y que regreses a tu isla en la edad avanzada

rico de todo lo que ganaras en el camino,

sin esperar que Ítaca te ofrezca sus riquezas:

Ítaca te ha dado ya un largo viaje,

sin ella no hubieras emprendido el camino.

Ítaca no tiene nada más que darte,

y aunque sea pobre, nunca te decepcionará.

Pleno de experiencias y de sabiduría

sabrás al fin lo que toda Ítaca significa.

Cavaffis




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